Aunque por experiencia personal de todos, un enfermo tiene “más necesidad de ejemplos que de palabras”; S Juan Pablo II en esas Jornadas decía que “Hay preguntas urgentes sobre el dolor y la muerte que, sentidas dramáticamente en el corazón de todo hombre. No obstante, los continuos intentos por eludirlas o ignorarlas por parte de una mentalidad secularizada, esperan respuestas válidas”.

¿Qué es la enfermedad? Es una “visita de Dios”, una oportunidad “para provocar amor, hacer nacer obras de amor al prójimo, transformar toda la civilización humana en la civilización del amor” (Carta apostólica Salvifici doloris). Es como “una frustración de la fuerza vital natural”, una tarjeta de invitación para “leer” la nueva y difícil situación, en la perspectiva propia de la fe.”; es concebida “como una ocasión para el ejercicio de la caridad; un momento privilegiado para la oración” (Congregación para la Doctrina de la Fe).



El magisterio papal refiere que fuera de las luces que alumbran el decurso de los siglos, “ha habido sombras, que oscurecen aún hoy el cuadro de la promoción de la salud”; durante la última época “se ha ensanchado el río del dolor humano, ya grande por la fragilidad de la naturaleza humana”.

Ayer como hoy, “poblaciones enteras no pueden recibir ni siquiera los medicamentos de primera y urgente necesidad, mientras que en otros lugares existe un abuso y un despilfarro de fármacos incluso costosos”.

“Pienso, en particular, en las graves desigualdades sociales para acceder a los recursos sanitarios, que existen todavía hoy en vastas áreas del planeta, sobre todo en los países del sur del mundo”. (VIII Jornada Mundial del Enfermo).

El derecho a la salud en la mayoría de naciones, ocupa un lugar “penúltimo” en la jerarquía de valores; por lo que el papa polaco invitaba a “una purificación de la memoria”, que conduzca a “reconocer las faltas cometidas por quienes han llevado y llevan el nombre de cristianos”; y consideren “la sanidad como un problema de primera importancia a escala mundial”.

En cuanto a la curación de enfermedades, la historia reseña santos taumaturgos haciendo curaciones milagrosas, encuentros de oración y lugares de culto ligados a ese fin; sin embargo, en todos los eventos “no queda otra opción que la de confiar en la libérrima voluntad del Espíritu Santo”. “Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza” (2 Co 12, 9).  “Ni siquiera las oraciones más intensas obtiene la curación de todas las enfermedades”. Son súplicas por la curación los Sal 6, 37[38]; 40[41]; 87[88]).

El sufrimiento “forma parte de la historia del hombre, que debe aprender a aceptarlo y superarlo”, es como el gemelo de la vida humana; la ciencia “no lo explica ni lo elimina del todo”. Se convierte en participación en la obra salvífica de Jesucristo (Catecismo de la Iglesia católica, n. 1521).

¿Cómo no reconocer que nuestra civilización “debería darse cuenta de que, bajo diferentes puntos de vista, es una civilización enferma, que genera profundas alteraciones en el hombre”? (Carta a las familias, 20). Afectada “La sociedad por el egoísmo difundido, por el utilitarismo individualista propuesto a menudo como modelo de vida”.

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