El origen de los bancos de alimentos data de 1967 en EE.UU., posteriormente en 1989 se fundó el Banco de Alimentos Italiano. En 2001 el Banco de Alimentos de Bogotá, en Ecuador, el primer banco de alimentos que realizó la primera recolección de alimentos lo hizo el 12 de abril de 2003; y en 2014 inició labores el Banco de Alimentos del Perú.  

El papa Juan Pablo I en la audiencia del 7 de septiembre de 1978 hablando del “doble elenco de las siete obras de misericordia corporales y las siete espirituales”, advirtió que “no está completo y haría falta ponerlo al día. Por ejemplo, entre los hambrientos hoy no se trata ya sólo de este o aquel individuo; hay pueblos enteros”. 

El 6 de enero de 2001 el papa Juan Pablo II dio a conocer su Carta Apostólica “Novo Millenio Ineunte”, interrogándose en esa oportunidad de “¿Cómo es posible que, en nuestro tiempo, haya todavía quien se muere de hambre? Por eso tenemos que actuar de tal manera que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como « en su casa ». 

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El  compromiso a favor de los más necesitados y el haber colocado la caridad como “dimensión natural de la existencia cristiana”, como “don de sí al otro”, fueron los argumentos para que Benedicto XVI en su pontificado recibiera el “Premio de la caridad”, representado en unos 263.000 dólares que Ratzinger destinó inmediatamente a obras de caridad. 

Antes en la Populorum progressio, Pablo VI había dicho “Con lastimera voz los pueblos hambrientos interpelan a los que abundan en riquezas. Y la Iglesia, conmovida ante tales gritos de angustia, llama a todos y cada uno de los hombres para que movidos por amor respondan finalmente al clamor de los hermanos”.  

El tema de los bancos de alimentos que contribuyen a exterminar la terrible plaga del hambre,  proporcionando  alimentos a quienes la padecen, fue dibujado por el papa Francisco como un  “compromiso libre de tantas personas que trabajan en silencio”, que admirablemente disciernen entre el  “decirle” a  el “dar”. Como se lee en Santiago 2,16 “ Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve?” 

Lo que cuenta no es juego con palabras, “sino con hechos”, puntualizó el Obispo de Roma; quien a propósito de los bancos de alimentos aconsejó:  “Tome lo que entra en el círculo vicioso de los residuos y póngalo en el círculo virtuoso del buen uso. Haz un poco como los árboles, esta es la imagen que viene, que respira la contaminación y devuelve el oxígeno. Y, al igual que los árboles, no contengan oxígeno: distribuya lo que sea necesario para vivir para que se administre a quienes más lo necesitan”. 

Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada”. (Jn 6,12).  

“Recoger para redistribuir, no producir para dispersar. Desechar los alimentos significa descartar a las personas”, dijo el papa el 18 de mayo de 2019 ante la Federación europea de banquetes de alimentos.