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[Fotografía] Así es la vida en Córdoba, el pueblo de Cundinamarca arrasado por la avalancha de Útica (hace 10 años) y del que poco se sabe

Por esos días la atención se centró en la tragedia de Útica, pero algunos centros poblados río abajo también fueron impactados. Por eso, una década después de la horrible noche, hacemos un recorrido por este caserío que en otrora fue muy activo y productivo como lugar de acopio de mercancías y tránsito de pasajeros.

El próximo 18 de abril se cumplirán 10 años de la avalancha de lodo que se gestó en la quebrada La Negra y que, tras llegar al Río Negro, arrasó con el municipio de Útica, Cundinamarca.

En la mañana del 19 el país conoció las consecuencias de un desastre natural inédito en la historia reciente, el saldo: 2 personas muertas y más de 2 mil damnificadas que se salvaron de muerte gracias a una alerta emitida dos horas antes de que la “bombada” llegara.

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Por esos días la atención se centró en la tragedia de Útica, pero algunos centros poblados río abajo también fueron impactados. Por eso, una década después de la horrible noche, hacemos un recorrido por este caserío que, en otrora, fue muy activo y productivo como lugar de acopio de mercancías y tránsito de pasajeros; se trata de Córdoba, una inspección territorial que pertenece a Caparrapí, Cundinamarca, y en la que hoy habitan unas 50 personas (en su mayoría tercera edad) de las más de 500 que había antes de la avalancha.

Así se ve desde Córdoba (Caparrapí, Cundinamarca) desde arriba. Al costado derecho se aprecia el cauce del Río Negro y al izquierdo, lucen los techos de algunas casas en pie. El caserío queda en medio de dos montañas de la cordillera oriental. Foto: Google Maps.

El tiempo de viaje entre Bogotá y Córdoba puede ser de tres horas y media. Para llegar allá hay que desviarse en el puente San Marcos de la Ruta del Sol entre Guaduas y Puerto Salgar. Al salir de la autopista tomará 30 minutos más por una vía destapada que lleva hasta el caserío.

Hasta el día de la tragedia, Córdoba tenía una población de más de 500 habitantes. Esta imagen da pistas de la altura que alcanzó el agua con lodo cuando arribó la avalancha aquella noche del 18 y amanecer del 19 de abril de 2011.

Las personas ya no viven en las 65 casas tocadas por el lodo. Muchas familias fueron reubicadas en el casco urbano del municipio, aunque algunas regresaron al pueblo porque no encontraron empleo.

Las personas usan esas casas viejas como depósitos de basura. El carro del servicio público recoge los residuos no orgánicos una vez al mes, los otros desechos son usados como alimento de animales, plantas o van al río.

Las estaciones del ferrocarril son habitadas por personas de la tercera edad. Usan agua que baja por la montaña sin tratamiento potable para el consumo.

Este letrero ubicado en una de las estaciones de tren evidencia que el gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018) propuso un plan de recuperación de las edificaciones pero, como se aprecia en las imágenes, dicho plan quedó en veremos.

Estas fueron las instalaciones del SAI Telecom (Servicio de Atención Indirecta). Este tipo de servicio fue creado con el fin agilizar la comunicación a larga distancia entre pequeñas poblaciones. Las personas llegaban hasta Telecom para recibir y hacer llamadas, así como telegramas.

El desgaste físico de las anteriores estructuras contrasta con la imagen cuidada de la Virgen María ubicada al frente de las antiguas instalaciones de Telecom, en la que no volverá a sonar un teléfono fijo.

Esta iglesia cristiana católica es la edificación más grande del pueblo, también es la que tiene el color que destaca entre las demás. Otro grupo cristiano no católico se congrega en una casa.

La iglesia del Sagrado Corazón de Jesús comparte sacerdote con parroquias de otros caseríos como Dindal, Cambrás, Guaduero y el casco urbano de Caparrapí. En Córdoba se oficia una eucaristía a la semana los días domingos a las 10 de la mañana.

Algunas personas decidieron seguir viviendo en Córdoba pese al riesgo latente que representa el Río Negro en tiempo de lluvias. Las familias pasan su tiempo entre actividades del hogar y el campo, las cuales obedecen al ordeño, el cuidado de gallinas y la agricultura. La cerveza se compra y se vende, pero el trueque es aún el medio ideal para el intercambio de bienes y servicios entre sus habitantes.

A causa del COVID-19 la escuela pública está cerrada, pero en otrora, cerca de 10 niños asistían a clases con una profesora que dictaba de primero a quinto de primaria.

Las viviendas roídas por el agua, la luz y el tiempo contrasta con esta en la que ocasionalmente se ven personas en ella. Los residentes de Córdoba dicen que es gente con dinero que está comprando predios para la construcción de casas de veraneo.

Frente al parque principal del pueblo fue instalada una antena para internet de uso público, pero la misma no funciona desde hace un tiempo. Por otro lado, la señal de telefonía móvil es intermitente, lo que hace del caserío un sitio ideal para desconectarse del mundo.

A quienes aquí viven solo les basta el sol y la brisa que llega por el mismo río que un una vez les intentó abrazar. Pese a que en internet dice que sí, aquí no hay estación de policía, centro de salud o sacerdote de tiempo completo, existe un silencio aturdidor que puede ser insoportable para los acostumbrados al bullicio de la ciudad, pero ese mismo mutismo es, quizás, lo que seduce de este lugar que se resiste a desaparecer del mapa gracias a las personas que nunca salieron, como las que regresaron.

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