Mapa del barrio La Favorita

Por Tatiana Salamanca 

24 de agosto de 2018

AutopautaVamos a la FilBo 2019 con Rafael Pombo

Andrés se acerca y dice: “ahí lo traen”. A lo lejos se visibilizaba una figura alta y corpulenta, a medida que se acercaba, el rostro de Santiago iba tomando forma, venía esposado y acompañado por un oficial del INPEC. La audiencia da inicio con el testimonio de un testigo de la Fiscalía, el Policía Andrés López Correal, perteneciente a la Unipol, adscrita a la SIJIN, cuya labor es ser investigador para el desarme de bandas criminales y es policía desde hace 4 años. Ese día para la Procuraduría, la familia del defendido y para Santiago mismo, las cosas quedaron muy claras. Andrés era el último testigo de la Fiscalía por declarar, y su testimonio, al igual que el de sus compañeros, estaba lleno de inconsistencias. Por ejemplo, manifestó bajo la gravedad del juramento que una vez le solicitaron el favor a Santiago que los acompañara al tercer piso para que verificaran que todo estuviera bien, Andrés informa que las únicas palabras dichas por Santiago fueron: “eso no es mío”, mientras que sus otros dos compañeros informaron que Santiago no pronunció palabra alguna ni objetó, ni opuso resistencia.

Otra de las inconsistencias reveladas en el interrogatorio evidencia no sólo un mal procedimiento en el allanamiento, puesto que en el informe que tiene la firma de Andrés López, no indican que en el cuarto piso había una tercera persona que jamás se reseñó en dicho informe. Andrés, el hermano menor de Santiago, estuvo presente en el momento cuando esposaron a su hermano, hecho que en el informe jamás se indica. Por otro lado, tanto la defensa como la Procuraduría y la juez insistieron en porqué la UNIPOL nunca presentó evidencias fotográficas o vídeos como pruebas fehacientes que permitieran evidenciar de manera explícita la vinculación de Santiago a la banda criminal como cabecilla de la misma.

La defensa, por otro lado, objetaba que en el informe no se escribió el alias del sindicado, si en la audiencia manifestaron que a Santiago se le conocía en el sector como alias “Chopo”, información que el grupo de investigación Defensoría de la Defensoría del Pueblo, caso asignado al investigador Hernando Luis García, confirmó que después de investigar y realizar varias entrevistas, no se pudo corroborar que en el sector los habitantes  conocieran a una persona con ese sobrenombre.

La audiencia finalizó a las 3 de la tarde, y aunque Amanda esperaba que ese día tuvieran una respuesta final, se pactó fecha de veredicto final para el 11 de octubre a las 10:30 de la mañana.

Audiencia de Santiago 

Amanda le pide el favor al agente del INPEC que le permita despedirse de Santiago, su abuela se acerca, le da un fuerte abrazo y un beso en la mejilla, le recuerda que él es inocente y que poco tiempo queda para que salga en libertad. Santiago asiente con la cabeza, su hermano menor se acerca y Santiago se recuesta en su hombro por unos segundos. Andrés le dice: “las cosas resultarán bien, la Procuraduría solicitó la libertad por falta de pruebas probatorias y eso ya significa mucho. falta poco, no te rindas, mucha fuerza”. Santiago a lo lejos les grita: “gracias, Dios los bendiga”.

11 de octubre de 2018

En los juzgados de Paloquemao de Bogotá, Amanda y su nieto se encuentran preparados para conocer el veredicto final de sentencia o libertad de Santiago. La juez procede a dictar sentencia absolutoria de los delitos por porte ilegal de arma de fuego y porte de estupefacientes 136.4 gramos de cocaína y 36.0 gramos de marihuana. Una vez sabe que la justicia colombiana lo absuelve de los delitos, para Santiago es imposible detener las lágrimas: su abuela y su hermano menor se abrazan y dan un grito de alegría, agradecen a la juez y luego a Dios. Se acercan a Santiago, se abrazan y entre sollozos se escucha: “se hizo justicia, eres libre”.

12 de octubre de 2018

A las 10 de la noche Santiago recobra su libertad, toma un taxi hacia su nuevo hogar, se reúne con la familia una hora más tarde. El júbilo y la alegría que invaden a su familia es indescriptible, casi un año había permanecido privado de la libertad y ahora era un hombre libre.

La juez informó que la señora Amanda, junto con su familia, eran propietarios del segundo piso  y que no tenían relación alguna con las personas del cuarto piso, que la Fiscalía no había presentado pruebas fehacientes sobre la culpabilidad de los delitos  imputados, y que era increíble que en pleno siglo XXI no hubieran podido recolectar evidencias como fotografías o vídeos sobre el “presunto” actuar criminal de Santiago, y qué las declaraciones bajo juramento ofrecidas por los tres policías citados a indagatoria  tenían  inconsistencias, al igual que el proceso de allanamiento que se realizó en el edificio donde vivía Santiago.

“Nunca pensé que iba a tener que pasar por esto, yo soy un hombre de bien, solo quiero trabajar y estudiar, quiero olvidar todo lo que pasó. Al inicio de todo este proceso pensé que no iba a salir, hoy soy libre y pensar que me querían meter 22 años de prisión por dos delitos que yo no cometí”.  Santiago habla pausado, medita cada palabra que pronuncia. y afirma que lo único que lo mantuvo fuerte fue su fe en Dios. Agradece a todas las personas que creyeron en su inocencia y le apoyaron de principio a fin, agradece a Dios por haberlo salvado de aquel infierno y por el momento justo cuando sus compañeros de celda lo salvaron de un intento de suicidio. Desde que recobró la libertad está decidido a aprovechar esta oportunidad que le da la vida: quiere trabajar, sacar a su familia adelante y cumplir muchos sueños. Junto con su abuela procederán en los próximos días a instaurar una demanda por los daños y perjuicios causados contra él y su familia.

Santiago espera no vivir de nuevo las situaciones por las que pasó junto con su familia, y espera que a ningún colombiano le suceda un falso positivo judicial.

*Los nombres de los personajes fueron cambiados por seguridad.

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