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Por: Andrea Parra

Las denuncias en contra de Hollman Morris por parte de Patricia Casas, María García de la Torre y Lina Castillo reabren un debate del machismo en los movimientos y las apuestas progresistas y de izquierda, por la manera en cómo Morris ha negado su violencia presumiendo una persecución política, y revictimizando a las tres mujeres que lo denunciaron, y a sus compañeras Ángela Robledo y María Maldonado quienes le pidieron la renuncia a su aspiración por la Alcaldía de Bogotá.

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El patriarcado explicado de manera literal es el gobierno de los padres, de los hombres. Es una organización social y jerárquica en la que ellos tienen el primer lugar, y por ende poseen privilegios que las mujeres no. El patriarcado es más antiguo que el capitalismo, y a la hora de plantear luchas y reivindicaciones, a muchos se les olvidó este sistema opresor dominado por los hombres.

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El machismo, como expresión cotidiana de ese patriarcado, caló en una sociedad que ha sido educada y organizada de manera que no se cuestione este orden, ni se debata sobre la necesidad de replantear las relaciones entre personas, los roles de género y las desigualdades sociales.

En Voces en Movimiento hablamos con Carol Arlen Ruiz Peñuela, integrante de la Guardia de mujeres LaBanda SinMiedo de la Universidad Pedagógica Nacional y con Eleany Fernanda Muzuzú, integrante de la Escuela de Formación política Construyendo Pares sobre esas contradicciones entre el discurso y el actuar de los militantes de izquierda tomando como ejemplo el caso de Morris.

La oposición (entendida como ese grupo de personas cuyo pensamiento es distinto a los grupos de poder, que buscan una transformación cultural, política y educativa) debe replantearse su papel frente a las diversas formas de agresión machista. La lucha contra el capitalismo no lo resuelve todo, se precisa prestar atención a la violencia de género, la transfobia y el racismo. No deben jerarquizarse las luchas, ni considerarse unas de mayor urgencia que otras (como suele hacer la izquierda, poniendo en primer lugar la lucha de clases), Se requiere entender cómo las violencias están conectadas con las prácticas cotidianas, elemento fundamental para las luchas del presente que incluyen a los feminismos.

¿Podemos hablar de un machismo de izquierda? No, pero sí del machismo que traspasó a la izquierda. Es decir, no hay un machismo exclusivo y característico de la oposición. Hay un machismo puro que sigue predominando en una sociedad, hasta el punto de entrar en los movimientos y personas que buscan hacer una aparente transformación social y estructural.

La sociedad necesita de hombres que se cuestionen sus privilegios, que no consideren menos importantes las violencias que se reproducen en sus movimientos contra las mujeres. Necesitamos hombres dispuestos a escuchar a sus compañeras y deconstruir para continuar con una lucha justa contra toda forma de opresión.

Es momento de hacer un quiebre, y comprender que una denuncia contra un hombre por violencia de género, violencia intrafamiliar, violencia económica, violencia psicológica, acoso sexual y laboral, y cualquier otra violencia, no representa una amenaza contra los movimientos, quién representa una amenaza es el hombre que no ha sido capaz de cuestionar su papel y que sigue reproduciendo las violencias contra las que se pretende luchar.

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