Con lapidación castigarán a personas homosexuales y adulteras en ese país asiático.

Brunei es un pequeño territorio en el sudeste asiático (ver imagen 1) que no tiene más de medio millón de habitantes que conviven en una llanura costera con zonas pantanosas.

Sus habitantes consumen frutas similares a las que se dan en Colombia, banano y carambola hacen parte de la dieta. Su economía se basa en la explotación minera, forestal y la producción de arroz y caucho. Tiene reservas de carbón y petróleo, al menos, eso es lo que se especula.

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Las personas en ese país tienen algunas influencias del hinduismo y budismo, aunque la mayoría de días festivos corresponde a fiestas islámicas por lo que, oficialmente, siguen el calendario musulmán, con cuatro festivos en el año hasta el 2014 cuando se prohibió la navidad.

Brunei está ubicado en la zona centro de la subregión Sudeste Asiático, en el norte de la isla de Borneo, limitando al norte con el mar de la China Meridional y, hacia los demás puntos cardinales, con Malasia. Fuente: Google Maps

Brunei es cada vez más a un país restrictivo, cruel y radical. Para hablar solo desde la orilla de derechos humanos, respecto a la pertenencia a los siete organismos de la Carta Internacional de Derechos Humanos, que incluyen al Comité de Derechos Humanos (HRC), Brunéi solo ha firmado y ratificado uno: el de la Convención sobre los Derechos de los Niños (Ver imagen 2).

Precisamente, bajo el argumento de “proteger a los hombres y mujeres del mañana”, su líder acaba de firmar un código penal que da vía libre a lapidación a mujeres y hombres homosexuales de su país.

El sultán de Brunéi es Hassanal Bolkiah, un hombre que siempre ha sido objeto de escándalos y excesos. Años atrás se conoció la denuncia de una exreina de belleza de Estados Unidos que denunció abusos sexuales del sultán, quien la habría secuestrado por un mes junto a otras mujeres más. Al final, el caso no pasó a otra instancia por el goce de su inmunidad.

Ahora hay una gran ola de indignación internacional contra Bolkiah quien, además de ser jefe de Estado, primer ministro, guía espiritual, ministro de las oficinas de Defensa, Finanzas, Asuntos Exteriores y, para colmo de males, también de Justicia, puso en marcha la sharía, una ley religiosa islámica que regula de todos los aspectos públicos y privados de la vida, y cuyo seguimiento se considera “que conduce a la salvación”. La sharía de Brunei también establece amputación manos y pies para quienes comentan robo.

Estatus de los principales instrumentos internacionales de derechos humanos. Fuente: ONU

Pueblo musulmán de más de seis siglos

Ese país no siempre fue musulmán. Bolkiah es heredero de una fortuna económica y cultural que data de 1363, cuando Muhammad Shah (primer sultán de Brunei) hizo su conversión al Islam tras el matrimonio con la princesa Johor Temasek.

Según la revista Forbes, el actual sultán gana a sus 68 años más 117 dólares a cada segundo, su fortuna alcanzaría los 22 mil millones de dólares, pero podría ser más. Su patrimonio es 36 veces mayor que el de la Reina Isabel II.

Aplicación estricta de las leyes islámicas

Más allá de su fortuna, los excesos o lujos del sultán y su familia, no cabe duda de que el respeto a los derechos humanos en ese país es un saludo a la bandera que, por cierto, tiene unos brazos en posición de alabanza. En ese país, desde 2014, no se permite el consumo de alcohol. Tampoco, es permitida la celebración de navidad o fiestas distintas a las que el sultán apruebe, pese a que más del 20% de la población no es musulmana.

https://www.uniminutoradio.com.co/la-comedia-que-relata-como-los-homosexuales-se-apoderaran-del-mundo/

Con exactitud, nadie sabe cuál es el interés de este hombre al denigrar a quien no piense o sienta lo mismo que él, sin embargo, algunos analistas creen que el deseo del líder de esa nación es proyectar su imagen de autoridad represiva ante el debilitamiento económico de su país.

Bolkiah lleva más de cinco décadas en el poder. Es hombre que colecciona autos y paga conciertos privados de cantantes estadounidenses. Foto: Archivo en internet.

Mientras que otros como Matthew Woolfe, fundador del grupo de derechos humanos The Brunei Project, en diálogo con BBC, han dicho que esta política también podría relacionarse con el interés del sultanato en atraer más inversión del mundo musulmán y más turistas islámicos.

El sultán, mientras tanto, hace caso omiso a las voces internacionales que exigen respeto y amenazan con sanciones y ruptura diplomáticas. Michelle Bachelet, Alta Comisionada de los DDHH de la ONU, denunció estas leyes como “crueles e inhumanas”. Pero el sultanato se mantiene en su posición asegurando que lo único que quiere es “ver que las enseñanzas islámicas se vuelvan más fuertes”, como lo dijo días atrás en una alocución. Y mientras eso pasa, centenares de personas serán lapidadas hasta la muerte.

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¿Qué tiene que ver el turismo con la pena de muerte a homosexuales en Brunei?
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¿Qué tiene que ver el turismo con la pena de muerte a homosexuales en Brunei?
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Castigarán con lapidación hasta la muerte a quienes practiquen la homosexualidad, caigan en adulterio o cometan blasfemia. El sexo entre mujeres tendrá como pena 100 latigazos y a los ladrones se les cortarán las manos.
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