Pablo, que no actúa como un “solista”, se asesoró de un pequeño grupo, entre ellos “tres hombres que brillan en el firmamento de los testigos del Evangelio”: Bernabé, Silas y Apolo, que el Cardenal Ratzinger presenta “como modelos luminosos de desinterés y generosidad”.

De Bernabé, destaca que “Se hizo garante de la conversión de Saulo ante la comunidad cristiana de Jerusalén”, y que realizó lo que se suele llamar el primer viaje misionero del Apóstol. De Apolo revela que andaban “fascinados por su manera de hablar”; confirmado cuando de él se dice que es un “hombre elocuente, que dominaba las Escrituras, con fervor de espíritu”. Respecto de los dos, Ratzinger ahora dedicado a la oración y el retiro espiritual, indica que algunos expertos piensan que posiblemente Apolo es el autor de la carta a los hebreos; “Tertuliano la atribuye a san Bernabé”.

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De Silas, considerado profeta (cf. Hch 15, 32), y diplomático, “pensaban que era capaz de realizar una especie de mediación entre Jerusalén-Antioquía, judeocristianos y cristianos de origen pagano, y así servir a la unidad de la Iglesia en la diversidad de ritos y de orígenes”.

Es evidente según el Nuevo Testamento que en los primeros tiempos de la iglesia se presentaron disensiones, no se ocultan las que tuvo Pablo. “También entre los santos existen contrastes, discordias, controversias. Esto me parece muy consolador, pues vemos que los santos no “han caído del cielo”. Son hombres como nosotros, incluso con problemas complicados. La santidad no consiste en no equivocarse o no pecar nunca”.

También destacó en las audiencias, la pareja de esposos – Priscila y Áquila-, en cuyas casas se reunían los creyentes, sitio donde “nace la realidad de la Iglesia”, debido a que “hasta el siglo III los cristianos no tenían lugares propios de culto”.  El matrimonio había sido expulsado por Claudio al inicio de los años cincuenta; porque “provocaban tumultos a causa de un cierto Cresto”. B XVI en la audiencia del 7 de febrero de 2007, jocosamente aclara que “Se ve que no conocía bien el nombre —en vez de Cristo escribe “Cresto”-; y subraya el elogio que de ellos “hace nada más y nada menos que el apóstol san Pablo”. Priscila, “una mujer que fue seguramente una persona activa”; su ejemplo ha llegado hasta hoy con muchos fieles laicos, que   como ellos están comprometidos al máximo, y “ofrecieron el “humus” al crecimiento de la fe”. Otra lección es que “toda casa puede transformarse en una pequeña iglesia; en el sentido de que toda la vida familiar, en virtud de la fe, está llamada a girar en torno al único señorío de Jesucristo”.

De san Esteban, primer mártir de Cristo, Ratzinger, nos enseña que “siguiendo la enseñanza de Jesús, lee todo el Antiguo Testamento en clave cristológica”. Su primera lección es que “la caridad y el anuncio van siempre juntos”.