: Oscar Zuluaga regalando sonrisas en Teatro al Aire Libre. Foto por: Juan José Cataño Ramírez

Por Juan José Cataño Ramírez. Periódico Sextante. Universidad Luis Amigó.

La cultura, el arte y en especial el teatro son los ámbitos en donde el grupo Arlequín y los Juglares han trabajado durante estos 45 años de vida. Su labor se desarrolla con diversas comunidades en la ciudad de Medellín y en municipios de Antioquia, con un grupo de mujeres afrodescendientes de la Comuna 8, Villa Hermosa; un colectivo de niños indígenas del cabildo indígena Chibcariwak; campesinos del municipio de San Francisco y jóvenes de los barrios Aranjuez y Las Palmas, que hacen parte de sus procesos culturales con los cuales reconstruyen memoria histórica.


Crecer y sobrevivir

Este grupo teatral se fundó en 1972 con el esfuerzo de un grupo de jóvenes de la ciudad, alentados por los movimientos sociales que se daban para la época, además del apoyo que encontraron en el Teatro El Taller, de la Universidad de Antioquia. Es decir, ajustan 46 años de labor cultural ininterrumpida para el arte y la cultura de la ciudad.


Óscar Manuel Zuluaga Uribe, maestro en arte dramático de la Universidad de Antioquia, se juntó en el corregimiento de San Antonio de Prado con dos compañeros universitarios, Jorge Mario Álvarez y Humberto Múnera (fallecido), para darle origen a Títeres Arlequín, su primer nombre.

El contexto social de la ciudad de Medellín, para la época en que nacía este grupo teatral estaba marcado por inicios de la violencia. Para Adriana Diosa Colorado, socióloga e integrante del gr upo desde 1990, Arlequín y los Juglares respondieron a la necesidad que tenían los jóvenes de la época de hacerle el quite a la violencia política que vivía la ciudad.


Con el transcurrir del tiempo, la agrupación ubicó su sede en el Aeroparque Juan Pablo II donde allí nació la Corporación Área Artística y Cultural de Medellín, con el fin de recoger a diversos grupos culturales de la ciudad.


Este escenario se convirtió en una incubadora, un sitio donde muchos artistas comenzaban a hacer sus primeros pinos, apoyados por artistas profesionales. Allí nacieron y se fortalecieron proyectos culturales como Nuestra Gente, Caretas y otros. Además, los grupos artísticos foráneos que llegaban a la ciudad encontraban refugio en ese lugar.

Una lucha constante

Para el año de 1990, a este grupo de artes escénicas se le otorgó una sede en los bajos de la tribuna oriental del Estadio Atanasio Girardot, mediante la figura de comodato (préstamo de bien inmueble con acuerdo de devolución). Pero en el año 2015 decisiones políticas y administrativas los obligaron a marcharse de allí.

“Salimos del Estadio por culpa de un administrador del Inder que dijo que el arte y el deporte no tenían nada que ver; son como el agua y el aceite. Éramos de los únicos teatros que existían debajo de una tribuna de un Estadio en el mundo”. Así lo recuerda en medio de suspiros, Juan Esteban Diosa, actor e integrante de Arlequín desde hace 20 años.

Luego de los intentos de propuestas y acercamientos con el Inder, en busca de una solución concertada, el director para ese momento interpuso una demanda administrativa dejando así todo destinado a la salida de aquellos grupos culturales. Entonces, la tarde del 27 de marzo del 2015, justamente cuando se celebraba el Día del Teatro, realizaron un homenaje de despedida y salieron de los bajos de la tribuna oriental del Estadio Atanasio Girardot.


Luego de un par de años de andar por varios lugares de los barrios Las Palmas y Prado Centro, Adriana Diosa encontró una casa antigua en el barrio Aranjuez y allí se instalaron. Abandonar el lugar que por más de 25 años los acogió fue difícil pero hoy reconocen los retos que les trajo la ‘Casa Encantada’ como ellos la llaman.

Entre los vecinos del sector se percibe la alegría y la aceptación de contar con ese espacio dedicado netamente a la cultura y el arte. Incluso resaltan la labor que han comenzado a desarrollar con los niños del barrio, donde a través del teatro ocupan su tiempo libre después de las jornadas de colegio.

El panorama actual

Son múltiples los obstáculos que las agrupaciones culturales y artísticas enfrentan día a día, asegurar los recursos para el montaje de obras o de viajes, pagar arriendos y servicios básicos de los espacios donde se ubican y otras exigencias más que el gobierno les impone.

La reflexión que se genera entre el movimiento cultural respecto a los apoyos económicos es que, sin duda, el tiempo ha comenzado a enseñarles que con actividades propias pueden sostenerse, para así no volver a afrontar las tristezas del pasado.

Por esto, la labor de Arlequín y los Juglares es heroica puesto que han podido recorrer con sus limitados recursos cientos de colegios de la ciudad, numerosos municipios del departamento y algunos otros lugares del país llevando sus obras. Además, su papel social les permite cada vez un reconocimiento internacional entre los movimientos culturales permitiéndoles presentar sus obras en países como México, Ecuador, Suecia y Noruega.

Al día de hoy la Secretaría de Cultura Ciudadana, que vela por el tema cultural en todos sus matices como lo es la danza, el arte y el teatro, no conoce particularmente la situación que vive el grupo Arlequín y los Juglares, ni el resto de grupos de esta naturaleza, la supervivencia de estos grupos, en general depende del empuje y el amor que le dedican a sus y trabajos, pues el Estado permanece de espaldas a sus logros.