Riña en URI de Bogotá Foto/Kienyke

“Estuve (…) en la cárcel, y vinisteis a verme” –Mt 25, 35-36-

“La prisión como castigo es tan antigua como la historia del hombre y (el interno) sufre con amargura el momento presente, que parece no pasar nunca.” (S. Juan Pablo II, 6 de julio de 2000), máxime cuando tiene que soportar las peores condiciones en que se pueda hallar un ser humano. “Desde el momento que cada nueva cárcel completa su capacidad, está superpoblada   antes de ser inaugurada” (Papa Francisco, 23 de octubre 2014).



¿Cómo eran las prisiones ayer, y como son hoy? Igual. Cuando el papa Francisco visitó un museo en Vilna, capital de Lituania, el estado más meridional de Europa, constató que ese lugar no es un museo a la manera del Louvre en Francia, sino que fue “una cárcel a la que eran llevados los detenidos, por razones políticas o religiosas. Y he visto celdas del tamaño de este asiento, donde se podía estar solamente de pie, celdas de tortura. He visto lugares de tortura donde, con el frío, llevaban a los prisioneros desnudos y echaban sobre ellos agua, y allí permanecían por horas y horas, para romper su resistencia. Los prisioneros eran llevados allí por la fuerza y asesinados con un disparo en la nuca; después se les subía en una cinta transportadora y cargados en un camión se les tiraba en el bosque. Más o menos mataban cuarenta al día”. Las mazmorras en todo el mundo “hoy en día están abarrotadas, son depósitos de carne humana” (Conferencia de prensa, 26 de noviembre de 2019). “Hay algunas que disponen de ciertas comodidades, pero en otras las condiciones de vida son muy precarias, por no decir indignas del ser humano. En ocasiones, la cárcel se convierte en un lugar de violencia parangonable a los ambientes de los que frecuentemente provienen los encarcelados.” (S Juan Pablo II, 9 de julio de 2000). Hay “tortura, arbitrariedad y abusos por parte de las fuerzas de seguridad, el abuso de la prisión preventiva y el repudio de las garantías penales y procesales más básicas” (Papa Francisco, 15 de noviembre de 2019). “En varios países y regiones, el número de presos no condenados ya supera con creces el 50% de la población carcelaria”. Estas no son películas, vosotros lo sabéis bien”, había dicho años atrás el prelado de Roma.

“El sufrimiento que hay en las cárceles, manifiesta que todavía queda mucho por hacer; abstenerse de acciones promocionales en favor del recluso significaría reducir la prisión a mera retorsión social, haciéndola solamente odiosa” (S. Juan Pablo II, 9 de julio de 2000). De parte de los estados hay “una cierta hipocresía que lleva a ver sólo en vosotros personas que se han equivocado, para las que el único camino es la cárcel; hay poca confianza en la rehabilitación, en la reinserción en la sociedad” (Papa Francisco, 6 de noviembre de 2016). Por su parte los internos en todo el planeta“reclaman sobre todo una adecuación de las estructuras carcelarias y a veces también una revisión de la legislación penal, no obstante, el mal que hemos cometido”.

@luforero4