Los campesinos solicitan mayor atención al sector agrícola, reclaman apoyo con políticas de inversión que permitan reactivar la economía campesina Foto Suministrada

Por: Daniel Eduardo Cardozo y Leidy Johanna Zambrano

El sector agrícola a nivel nacional vive una delicada situación, pese a que la globalización y los avancen tecnológicos representan una oportunidad en el mercado, la realidad para el campesino es muy diferente, ya que viven una profunda crisis. El sector agrícola de Aipe no es ajeno a esta realidad de abandono estatal al sector.  Además, la situación se agudizó con el Cambio del Sistema de Regalías que redujo la distribución del presupuesto que beneficiaba a los municipios productores como Aipe, Huila.

Colombia es un país agropecuario, según el economista Guillermo García Realpe, en el país hay más de 39 millones de hectáreas aptas para la productividad, aporta el 7% del Producto Interno Bruto y sin embargo, solo recibe el 0.8% dentro del presupuesto, “hecho desde todo punto de vista lamentable con un renglón de la economía que tanto contribuye a la economía y empleo nacional”.

Este abandono al sector no es ajeno a la realidad de los campesinos del municipio de Aipe, ubicado al noroccidente del Departamento del Huila y a la margen izquierda del río Magdalena. Este municipio cuenta con 29 veredas ubicadas en el sector rural y en total tiene una población de 26.235 habitantes según el plan de desarrollo municipal.  Dentro de la actividad agrícola del municipio se encuentran 4.827 hectáreas distribuidas en su mayor parte en café, asociados con el pan coger en la zona alta y cultivos mecanizables como arroz, maíz, algodón, algunas frutas como cítricos, melón, entre otros convirtiéndose esta última en una de las principales alternativas para los pequeños productores debido a la tecnología utilizada y gran productividad.

Sin embargo, de acuerdo con el análisis al plan de desarrollo 2016 – 2019 “Marcamos la diferencia por Aipe” dentro de la proyección fuentes de inversión 2016 – 2019 no se encuentra el agro o sector campo dentro de ninguna de las categorías que mencionan allí. Por lo tanto, el fortalecimiento del sector agrícola, pese a su importancia para el municipio no representa una prioridad en inversión.  Actualmente, el municipio de Aipe presenta la creciente crisis en las tierras cultivables, la falta de seguridad en la tenencia de la tierra, la falta de seguridad de los propios campesinos, la falta de apoyos y estímulos a su actividad provocan que se vuelva insostenible su permanencia en el medio rural y la solución inmediata es la emigración. Además, las ciudades están agotando su capacidad para recibir a esa inmensa cantidad de hombres, mujeres y niños que día a día llegan a descargar en ellas su miseria y falta de oportunidades.

El abandono al sector agrícola es un sentir de los campesinos. Rafael Manchola Bonilla, agricultor y propietario de la finca Villa del Río, vereda la Manga, sector el Triunfo, reconoce el desentendimiento que tiene el gobierno frente este tema: “el Gobierno está invirtiendo más en la guerra que en el campo, se está dedicando más a armar los soldados, a combatir el narcotráfico y está descuidando al campesino, es allí cuando el campesino se va para la ciudad y por eso empiezan a haber desempleo y hasta delincuencias”.

¿No es rentable el campo?

El costo de los insumos hace que la producción de los productos no sea rentable.  Una de las actividades agrícolas de los campesinos en el municipio de Aipe es el arroz y el limón, productos que venden a muy bajo costo. Una de las de las dificultades que enfrentan los campesinos de Aipe es la cadena de comercialización frente a los pequeños productos que lo hacen de manera muy artesanal, por lo tanto, falta mayor desarrollo industrial en la producción agrícola, esto lo puntualiza José Pérez propietario de la finca quien vienen desarrollando de manera muy artesanal la producción y comercialización del limón. “En cuanto al limón, es un proceso mucho más artesanal y manual que su comercialización va desde su recolección y luego empacarlo en bolsas para vender en tiendas o en supermercados del pueblo”, puntualiza José Pérez.

Rafael Manchola Bonilla es un campesino que se dedica a la producción de cacao, por lo tanto, sabe y reconoce que en Colombia existen entidades que brinda apoyo a los productores agrícolas, pero en este caso, manifiesta que no recibe ayuda por parte de la entidad que respalda a dicho sector productivo. “Estoy usando dinero que le pertenecen a gastos de la familia para poderlos invertir en el campo y así poder comprar insumos, abonos y fertilizantes para poder obtener un buen resultado y darle un bienestar a su familia. El gobierno debería incentivar la agricultura subsidiándole al campesino los abonos y podría también subsidiar las cosechas en el caso de que el campesino tenga pérdidas como por ejemplo cuando hay verano y hay malas cosechas, ahí el gobierno podría entrar a subsidiar esas cosechas que son pérdidas para el campesino de Aipe y que por supuesto que afecta”.

En lo que respecta a la agricultura, la globalización está generando competencias interesantes para colocar los productos agrícolas en los diversos mercados. Quienes han sentido estos efectos son los pequeños productores agrícolas. Ahora deben competir no solo con productores locales y nacionales sino también con los de otros países, debido a la invasión de productos extranjeros que representan menores costos y precios. Los mismos consumidores notaron los efectos generados por la crisis que mencionan, los precios de los productos agrícolas son demasiado inestables y suelen variar hacía extremos muy marcados. Hay desplomes y alzas. Resaltado que los productores rurales son pequeños y medianos que no cuentan con los recursos y con el conocimiento técnico o el acompañamiento necesario para aprovechar su potencial.

Sumado a lo anteriormente mencionado, los Tratados de Libre Comercio (TLC), las innovaciones tecnológicas, los aranceles y las restricciones en el mercado, la agricultura ha tenido un retraso significativo. Muchos campesinos no cuentan con el dinero, tecnología y capacitación suficientes para ser competitivos en el mercado nacional y mucho menos global. Dentro de esto también se tiene en cuenta que el cambio climático y daño ambiental que está sufriendo el planeta, limitan aún más el acceso de los campesinos a la agricultura. “Desde la secretaria de desarrollo económico sostenible estamos haciendo todo lo posible para diseñar y formular nuevas estrategias que les permita a los campesinos poder comercializar sus productos de la mejor manera, somos conscientes que en nuestro municipio tenemos pequeños productores que se enfrentan a grandes avances que la globalización ha traído y que tienen mucha más competencia”,  así lo manifiesta Javier Charry bonilla, secretario de desarrollo económico sostenible del municipio de Aipe.

No hay que ir hasta una finca para detectar la crisis del sector agropecuario. Se ve en las calles de las ciudades e incluso en los pueblos. Los problemas del agro vienen en un kilo de plátano, papa o arroz y hasta en el cilantro que se comercializa en los supermercados y en las tiendas de barrio. Cualquier producto de la pequeña agricultura es un espejo de lo que le sucede al campo colombiano. La crisis tiene un eje central: Cada vez que sale una cosecha, los precios caen y los ingresos de muchos cultivadores, especialmente de los más pequeños, no alcanzan para cubrir los costos de producción. “Debemos tener en cuenta que debemos manifestarnos y hablar para evitar la importación de tanto producto como el arroz, porque es un daño que nos hacen a nosotros los productores colombianos. Principalmente es por eso que ocurren esos desplomes y alzas y desde ahí debemos empezar”, sostuvo el campesino José Pérez.

Lo que dejó el oro negro

Aipe era uno de los nueve municipios a nivel departamental con mayor presupuesto recibido por las regalías petroleras. Desde hace ocho años este panorama cambió, de acuerdo al acto legislativo 05 del 18 de junio del 2011 que establece la modificación constitucional del artículo 360 y 361 donde se dictan otras disposiciones sobre el régimen de regalías y compensaciones y trajo consecuencias. Precisamente, el agricultor José Pérez afirma el impacto que generó la industria petrolera: “Hay que partir que desde que esto se convirtió en auge, las personas y los agricultores decidieron marcharse de sus fincas para ir a trabajar en actividades que estuviera relacionadas con el tema petrolero, debido al auge que tuvo hace algún tiempo. Ya para este tiempo, generó mucho desempleo y si antes que había recursos de eso no invirtieron en el campo, mucho menos ahora. Y lo que le tocó a la gente fue ponerse a cultivar cosas que le dieran únicamente para su sustento”.

Es decir que “en tiempo de vacas gordas” la economía de los aipunos era la mejor y dependía netamente de los recursos de las regalías petroleras y las actividades laborales o productivas de la mayoría de los habitantes giraba en torno a este tema. El campesino Rafael Manchola Bonilla manifiesta: “Es necesario que el estado defina políticas públicas y estrategias para fortalecer y promover una agricultura sostenible en el municipio de Aipe, así se logrará un responsable y adecuado aprovechamiento de los recursos naturales, como también es necesario crear incentivos para ayudar a mitigar la desigualdad competitiva a la que se están enfrentando los agricultores colombianos”.

Frente a esta cruda realidad, los campesinos solicitan mayor atención al sector agrícola, reclaman que el gobierno nacional, departamental y local apoye al sector con políticas de inversión que permitan reactivar la economía campesina y se garantice la soberanía alimentaria del País.