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De la Sede de Pedro a Europa occidental

Desde San Pablo VI, los Sumos Pontífices de Roma han visitado del Atlántico a los Urales, del Mar del Norte al Mediterráneo un continente escenario de dos guerras mundiales “reveladoras, de la crisis humana por la que atraviesa la humanidad entera” (Bruselas,20/05/1985). Pasarán muchos años “pero las cicatrices continúan”, por las “luchas feroces, opresión, limitaciones y expulsiones de quienes profesaban una fe diferente. Como herederos de nuestros padres, llevamos también está Europa cargada de culpa bajo la Cruz.” (Viena, 10/09/1983)

Austria, cuyo pueblo en su mayoría profesa la fe cristiana; Viena y Ginebra en Suiza, sede de varios organismos internacionales; Francia, una nación con un patrimonio artístico y cultural formidable; Holanda, de una estima inconmensurable de los católicos a la Sede de Roma; “un apego que es más profundo de lo que parece”; Alemania, “cuya historia está tan estrechamente vinculada a la historia del cristianismo y de la Iglesia”; junto con Bélgica y Luxemburgo, y todo el continente han emprendido hace décadas “el camino hacia una unidad capaz de asegurar un orden duradero de paz y justo desarrollo.”

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San Juan Pablo II visitó tres veces Austria, en el corazón de Europa, considerado puente, al encontrarse en el confín entre Occidente y Oriente; Benedicto XVI fue a este país “libre de la dominación extranjera y la violencia de la guerra, libre de amenazas externas inmediatas, libre de conflictos internos graves. ¡lamentablemente no toda Europa! – “; fue a un país generoso al mostrar solidaridad. Comparada con “un espejo y un modelo para Europa”, porque ha demostrado “cómo unas variedades de pueblos pueden convivir en un espacio reducido, no sin problemas, de manera creativa, encontrando una unidad en la multiplicidad”.

En su viaje a Alemania hace 41 años, san Juan Pablo II recordó las más importantes etapas de la historia de la Iglesia y del pueblo de este país, del cual han surgido en la edad media y en el siglo XX una serie de Papas. En esa ocasión mencionó que el destino “de un trabajador emigrante está unido también a graves problemas y dificultades. Algunos no saben por cuánto tiempo podrán vivir y trabajar aquí, y sufren por esa inseguridad.” Alemania, junto con Turquía, Colombia, Pakistán y Uganda, son los cinco países que acogen a la mayoría de los refugiados del mundo.

En Francia, san Juan Pablo II en 1986 inició su contacto en la basílica de Notre Dame, espléndida construcción, tesoro del arte gótico; y después en Lyon, donde “¡nueve Papas han pasado por allí, se han quedado o vienen de allí!”. En Lyon, donde los cristianos eran entregados a las bestias, el papa polaco, se preguntó: “¿No es una forma de sacrificar poco a poco hoy a esos ídolos del egoísmo, el lujo, el goce y el placer buscados a toda costa y sin límite?”. A los trabajadores les reconoció que “trabajan aquí en condiciones a menudo precarias de alojamiento, salario y empleo. Pienso también en la población francesa de ultramar.” También “comprobó“ el lugar que Francia ocupa bajo otros cielos.

San Pablo VI, en 1969, en su visita a la OIT en Ginebra, se preguntó” ¿Quién describirá el drama muchas veces terrible del trabajador moderno encasillado entre su doble destino de grandioso realizador y víctima muchas veces de los sufrimientos intolerables que comporta una condición miserable y proletaria, donde la falta de pan se conjuga con la degradación social creando un estado de verdadera inseguridad personal y familiar?”.

En 1982, san Juan Pablo II, dando gracias a Dios por haberle conservado la vida y devuelto la salud, en la visita a esa sede del trabajo propuso “una vía, la de la solidaridad; el camino de la solidaridad del mundo del trabajo”, aún “por encima de los sistemas, regímenes e ideologías que intentan regular las relaciones sociales”, y se refirió al llamado “cuarto mundo” de la pobreza y la marginación, en la periferia de las ciudades y en el mundo rural.

En Ginebra, el Papa Francisco en 2018 indicó que “La crisis de los derechos humanos parece clara. Se habla un poco de derechos humanos, pero muchos grupos o algunos países, toman distancia”. Si hubiese una cuarta guerra mundial, “se combatiría con bastones porque la humanidad estará destruida”, puntualizó el papa argentino allí.

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