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El 4 de octubre de 1965 ante la Asamblea de las Naciones Unidas, el papa Pablo VI recordó las palabras del expresidente norteamericano John Kennedy: “La humanidad deberá poner fin a la guerra, o la guerra será quien ponga fin a la humanidad”.

Giovanni Battista, quien había afirmado que “El verdadero peligro está en el hombre”, en esa oportunidad dijo: “¡Nunca jamás guerra! ¡Nunca jamás guerra! Es la paz, la paz, la que debe guiar el destino de los pueblos y de toda la humanidad; trayendo a la memoria la sangre de millones de hombres, sufrimientos inauditos e innumerables, masacres inútiles y ruinas espantosas”.

En el  Preámbulo de la Carta constitutiva de la Organización de las Naciones Unidas de 1948, anunciaba que su propósito es el de “preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”.

El recinto de las naciones recibió el 5 de octubre de 1995 a Juan Pablo II, quien advirtió que “Por desgracia, incluso después del final de la Segunda Guerra Mundial, los derechos de las naciones han continuado siendo violados”.

El 18 de abril de 2008 Benedicto XVI fue más contundente ante los representantes de las naciones: “Si los Estados no son capaces de garantizar esta protección, la comunidad internacional ha de intervenir con los medios jurídicos previstos por la Carta de las Naciones Unidas y por otros instrumentos internacionales”.

Francisco, el 25 de septiembre de 2015 señaló sobre Carta de las Naciones Unidas, lo siguiente: “corre el riesgo de convertirse en un espejismo inalcanzable o, peor aún, en palabras vacías que sirven de excusa para cualquier abuso y corrupción”.

Francisco insistió ante la ONU, a las que coloquialmente llamó “Naciones unidas por el miedo y la desconfianza”,  en “el infatigable recurso a la negociación”, pues “la experiencia de los primeros 15 años del tercer milenio, muestran tanto la eficacia de la plena aplicación de las normas internacionales como la ineficacia de su incumplimiento”.

“En las guerras y conflictos hay seres humanos singulares, hermanos y hermanas nuestros, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, niños y niñas, que lloran, sufren y mueren”, dijo.

El papa mencionó “otro tipo de conflictividad que silenciosamente viene cobrando la muerte de millones de personas”: “El narcotráfico por su propia dinámica va acompañado de la trata de personas, del lavado de activos, del tráfico de armas, de la explotación infantil y de otras formas de corrupción. Corrupción que ha penetrado los distintos niveles de la vida social, política, militar, artística y religiosa, generando, en muchos casos, una estructura paralela que pone en riesgo la credibilidad de nuestras instituciones”.

Un año antes, el 9 de agosto de 2014, instó al secretario general de esa Organización a “hacer todo lo posible para detener y prevenir ulteriores violencias sistemáticas contra las minorías étnicas y religiosas”.

“No creo que nuestros tiempos sean mejores que los tiempos del diluvio, no creo: las calamidades son más o menos las mismas, las víctimas son más o menos las mismas”, fueron las palabras más recientes de Francisco sobre el flagelo de la guerra.

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"Los tiempos de hoy no son diferentes a los del diluvio": papa Francisco interpela a ONU
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"Los tiempos de hoy no son diferentes a los del diluvio": papa Francisco interpela a ONU
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El sumo sacerdote llamó coloquialmente a la ONU como "Naciones unidas por el miedo y la desconfianza".
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UNIMINUTO Radio
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