Francisco hizo una firme defensa de la paz en el mundo durante el tradicional mensaje Pascual previo a la Bendición “Urbi et Orbi”, a la ciudad de Roma y al mundo, que impartió este domingo 21 de abril, Domingo de Resurrección, en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

“Modelo del educador y del papá”, modelo de los humildes; guardián de la Sagrada Familia, un hombre bueno, confió totalmente en Dios. “Él no era el padre de Jesús“, el matrimonio con María es el fundamento jurídico de la paternidad de José; “hacía de padre de Jesús para ayudarle a crecer”, lo «crió»; Jesús vivía sujeto a ellos y “en la amargura del exilio fue siempre la compañía, la ayuda y apoyo de la Virgen y de Jesús” (Quamquam Pluries, León XIII). Su “ejemplo nos exhorta a levantar la vista, a mirar más allá” (Papa Francisco, Ángelus, 22 de diciembre 2019). “No odiaba, y no permitió que el rencor le envenenase el alma” (Francisco, Ángelus, 22 dediciembre 2013). “Es el primero enparticipar de la fe de la Madre de Dios”; se impone entre todos por su augusta dignidad” (León XIII).

Los Evangelios no mencionan palabra alguna pronunciada por José, el esposo de María y María esposa de José (cf. Mt 1, 16. 18-20. 24; Lc 1, 27; 2, 5); “pero el silencio de José posee una especial elocuencia: gracias a este silencio se puede leer plenamente la verdad contenida en el juicio que él da el Evangelio: el «justo» (Mt 1, 19)”. (Exhortación Apostólica Redemptoris Custos, de S. Juan Pablo II). “Su silencio estaba impregnado de contemplación del misterio de Dios, con una actitud de total disponibilidad a la voluntad divina” (Benedicto XVI, Ángelus18 de diciembre 2005); su silencio “no manifiesta un vacío interior, un silencio gracias al cual, al unísono con María, guarda la palabra de Dios, conocida a través de las Sagradas Escrituras”, un silencio del que nos debemos “contagiar”. “Un silencio entretejido de oración constante, oración de bendición del Señor, de adoración de su santísima voluntad y confianza sin reservas en su providencia”.

Ni antes ni después del nacimiento de Jesucristo, “el hijo del Carpintero”, hombre alguno, solo San José, hijo de David, ha estado más cerca de Jesús, “a excepción de María, la Madre del Verbo Encarnado”; enseñó a Jesús incluso su trabajo. La Providencia Divina recurrió a él en varias ocasiones: con María fue “testigo privilegiado de la venida del Hijo de Dios al mundo”, testigo de la adoración de los Magos, venidos de Oriente; colocó al niño el nombre de Jesús; el Ángel Gabriel le había revelado su significado en la «anunciación»; momento en el que tampoco pronunció palabra alguna. “Simplemente hizo como el ángel del Señor le había mandado; convirtiéndose en modelo de obediencia —después del de María—“. José es el que Dios eligió para ser «el coordinador del nacimiento del Señor»(Orígenes);su misión “es ciertamente única e irrepetible”.

San José, declarado Patrono de la Iglesia Católica por el Papa Pío Nono, cumplió a cabalidad sus deberes de padre legal, el primero el de la circuncisión.

San José “se merece todo nuestro reconocimiento y nuestra devoción por el modo en que supo custodiar a la Virgen Santa y al Hijo Jesús” (Papa Francisco, Audiencia, 19 de marzo de 2014), permaneciendo “fiel a la llamada de Dios hasta el final”.

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