De las enseñanzas acerca de los sacramentos de iniciación cristiana (El Bautismo, Confirmación y la Eucaristía) y de los sacramentos curativos (Reconciliación y la Unción de los enfermos), se concluye sin duda alguna que no es como algunos suponen equivocadamente que son un invento de la humanidad; “no es obra de los hombres, sino de Dios”, aclara el papa Francisco.

Algunos de los sacramentos presentan similitudes de hoy y de la antigüedad; la Eucaristía nació de los últimos actos de la vida pública del Nazareno. La Unción de los enfermos antes se llamaba «Extrema unción».

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La tría de sacramentos de iniciación cristiana se asemejan que en el pasado “se celebraban en un único momento, al término del camino catecumenal, normalmente en la Vigilia pascual”.

De acuerdo con la tradición, después del Bautismo se da paso a la Confirmación, con el fin de que “no queden a mitad de camino”, dice el papa. De la Eucaristía subraya que “No acabaremos nunca de entender todo su valor y riqueza”.

En virtud del Bautismo nos convertimos en discípulos misioneros, llamados a llevar el Evangelio al mundo (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 120); por la Confirmación recibimos el Espíritu Santo; a través  de la Eucaristía recibimos a Cristo vivo.

La Reconciliación fortalece, “Cuando yo voy a confesarme es para sanarme, curar mi alma, sanar el corazón y algo que hice y no funciona bien”, puntualiza el sucesor de Pedro. La Unción de los enfermos, “nos permite tocar con la mano la compasión de Dios por el hombre”.

El Bautismo y Reconciliación o confesión tienen en común que “Nadie puede bautizarse por sí mismo”, indica el papa; en cuanto a la Reconciliación, igualmente el Pontífice de Roma reitera “que el perdón de nuestros pecados no es algo que podamos darnos nosotros mismos Yo no puedo decir: me perdono los pecados. El perdón se pide, se pide a otro, y en la Confesión pedimos el perdón a Jesús.”

De la Unción de los enfermos nos recuerda el papa que “cuando hay un enfermo muchas veces se piensa: «llamemos al sacerdote para que venga». «No, después trae mala suerte, no le llamemos», o bien «luego se asusta el enfermo». Esas actitudes se originan, enseña el papa, “porque existe un poco la idea de que después del sacerdote llega el servicio fúnebre. Y esto no es verdad”. En este aspecto aconseja que cuando haya un enfermo en casa, “no digo enfermos de gripe, de tres-cuatro días”, llamen al sacerdote. (Santiago 5,14)

Hay una imagen bíblica que expresa en toda su magnitud el misterio que trasluce en la Unción de los enfermos: es la parábola del «buen samaritano»; otra representa el sacramento de la Reconciliación: el episodio del perdón y de la curación del paralítico, explica el papa, donde el Señor Jesús se revela al mismo tiempo médico de las almas y los cuerpos (cf. Mc 2, 1-12; Mt 9, 1-8; Pc 5, 17-26).

El papa Francisco se ocupó de los sacramentos en las audiencias de los miércoles llevadas a cabo en la Plaza de San Pedro, durante los meses de enero   y febrero de 2014.

@luforero4