Por Julian León

Recientemente en la opinión pública se hizo eco de una nueva amenaza contra la libertad de prensa, esta vez contra la vida e integridad de una periodista joven y de trayectoria relativamente corta. El hecho, contrario a lo que esperan los victimarios, enarbola las banderas del orgullo de una nueva generación de periodistas caracterizados por Tatiana Salamanca, la amenazada.

El trabajo periodístico de Salamanca, colega del periódico universitario Datéate, fue reconocido por la Sociedad Interamericana de Prensa debido a la profundidad de su investigación. En éste, Tatiana denunciaba una nueva red de expendio de drogas que se instalaba en el barrio La Favorita, en Bogotá, tiempo después de la intervención en el Bronx. De antemano cabe decir que es una lástima que sea por medio de amenazas que se visibilicen trabajos con sus respectivas denuncias, pero más allá de ello, cabe en la misma bolsa un reconocimiento a las instituciones universitarias como UNIMINUTO, sus profesores y a las nuevas generaciones de periodistas egresados de allí, por su profesionalismo y compromiso con la opinión pública de un país caldente en temas de violencia y corrupción como Colombia.

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Pienso que contrario a lo que muchos veteranos del oficio y ciudadanos especulan en torno al futuro del periodismo, aún se siguen graduando semestralmente de universidades de cualquier rango económico profesionales altamente capacitados, responsables y conscientes de la envergadura del oficio que escogieron como estilo de vida. El ejemplo de Tatiana, con la amenaza y todo, fragmenta y debilita la concepción de que los mejores profesionales provienen de las universidades más costosas.

He sido testigo del crecimiento de grandes talentos en mi Alma Mater, la UNIMINUTO, que desde la ‘primiparada’ académica, incursionan en los medios de comunicación dispuestos por la facultad con excelentes y reconocibles resultados. Eso sí, siempre con la puntual e infaltable ayuda de maestros comprometidos desde luego con uno de los enfoques de UNIMINUTO: el cambio social.

Estas nuevas generaciones de periodistas provenientes de instituciones de clase media y baja como la nombrada, encuentran en fuentes como la política, lo económico, lo internacional, lo deportivo, etc., un amplio espectro de análisis y trasfondo social. Son profesionales conscientes de la difícil situación laboral que deja tras su paso la dañina “palanca” de muchos otros comunicadores de universidades prestigiosas, pero que, al llegar a un lugar reconocido, tal vez por un golpe de suerte, no centran su atención en la fama que trae consigo los flashes de las cámaras, sino que conservan en lo más profundo de su quehacer periodístico su deber para con la sociedad. Tatiana Salamanca sin ser parte de una exuberante y adinerada casa periodística, enarboló la bandera de las nuevas generaciones de periodistas más comprometidos con la denuncia e investigación, que con la fama y el prestigio.

Sin lugar a dudas esta caracterización del periodista uniminutense, con todo y sus desafíos, no pretende ser generalizante. También esta columna guarda una certera crítica a aquellos futuros colegas que viven la academia como un cangrejo en el mar; simplemente dejándose llevar por la corriente sin darse cuenta que las huellas que van dejando se borran con cada ola. Lastimosamente y lo digo por experiencia, es la mayoría la que, contrario al modelo de Tatiana Salamanca, viven el Alma Mater como una experiencia obligatoria y obligada, esperando a que sea viernes para reunirse en aquel bar taciturno de la esquina. El conocimiento en historia, en política, en relaciones internacionales u otros espacios, no es de su incumbencia; la pasarela, el desfile de modas y la luz fastidiosa de los flashes, su sueño favorito.

Esta reflexión que pretendo dejar como siempre en mis lectores, no únicamente va dirigida a la comunidad UNIMINUTO para sentir orgullo por sus profesionales de la información así mismo como para protegerlos y defenderlos; también va dirigida a los grandes monopolios de la información que muchas veces le cierran la puerta a comunicadores en razón a su institución educativa. El caso de la señorita periodista Tatiana Salamanca se contrapone a toda razón clasista y déspota y materializa en la opinión pública la función social de universidades como UNIMINUTO que, desde el silencio y el bajo perfil, construye profesionales en potencia. A esta institución y sus profesores toda mi gratitud.

Quisiera terminar esta columna con un mensaje para Salamanca, compañera mía de pupitre, a lo lastimero y sentimentalista, pero el orgullo que siento por su investigación y su denuncia (porque si hubo amenaza es porque dolió), me impide hacerlo y, en cambio, me obliga a pedirle que siga así, denunciando y siendo contestataria con argumentos como nos enseñaron nuestros distinguidos docentes.

Nunca tuvo más razón la frase de George Orwell: ”Periodismo es publicar lo que otros no quieren que se publique. Lo demás son relaciones públicas”.

Las opiniones son responsabilidad de los autores y no comprometen la posición del medio de comunicación.