La basílica de la Virge de Guadalupe, en México, es uno de los sitios que más visitantes recibe en el mundo. Foto: UNIMINUTO Radio

La Peregrinación a los manantiales de la fe empieza por Israel, donde Jesús nació, vivió, sufrió la pasión, murió, resucitó y ascendió. Allí está “la encrucijada de las tres grandes religiones monoteístas”: judíos, cristianos y musulmanes.

Independientemente de los porqués de los viajes, como lo advirtió el papa viajero Juan Pablo II, en ellos se presentan ”aspectos positivos y negativos“, que el Sucesor de Pedro expuso con ocasión de la Jornada Mundial del Turismo de 2001 y siguientes años.

El papa Juan Pablo II concebía un turismo que sea “siempre ocasión de encuentros fructíferos: encuentro con Dios; encuentro consigo mismo, y encuentro con los demás”.

El primero, encuentro con Dios, que en la creación y en las obras del hombre nos muestra su amor y su providencia; el encuentro consigo mismo se traduce en el silencio de la reflexión y de la escucha interior, y el encuentro con los demás para construir una convivencia serena entre las personas y los pueblos, enseñó el papa.

La tripleta de acercamientos que genera el turismo en miras a la edificación, es la “civilización del amor”, que trata Sollicitudo rei sociales, carta encíclica del Papa Juan Pablo II.

Para él, el turismo es una ocasión de solidaridad y puede ser un instrumento eficaz para formar una conciencia respetuosa del medio ambiente, es un instrumento al servicio de la paz y del diálogo entre las civilizaciones; refleja cómo es el mundo: cada vez más global y más interdependiente.

“El turismo puede ser un instrumento importante para el crecimiento y para la lucha contra la pobreza; los cristianos queremos ofrecer nuestra contribución para que el turismo pueda ayudar al desarrollo de los pueblos, especialmente de los más desfavorecidos”, dice el mensaje publicado por la  Santa Sede con ocasión de la Jornada Mundial del Turismo en 2017.

De acuerdo a la doctrina pontificia, hay diversas clases de turismo: Un turismo inteligente; cierto tipo de turismo salvaje; un “turismo solidario”; un turismo disfrazado de una forma moderna de explotación, etcétera.

El “turismo solidario”, se vive “especialmente cuando se tiene ocasión de visitar lugares y situaciones en los que la gente vive en condiciones humanas precarias”. Los millones “de personas que anualmente se desplazan de una nación a otra podrían transformar el turismo en un factor de importancia primaria en la construcción de un mundo abierto a la cooperación entre todos”.

El turismo disfrazado, advirtió el arzobispo de Cracovia hace 17 años, “Desafortunadamente, llega a veces a aberraciones humillantes como la explotación de mujeres y niños en un comercio sexual sin escrúpulos, que constituye un escándalo intolerable”.

“Dignos de mención son los programas de turismo sustentable y solidario en zonas desfavorecidas que, promovidos por conferencias episcopales, diócesis o congregaciones religiosas, acompañan a las comunidades locales creando espacios de reflexión, promoviendo la formación y capacitación, asesorando y colaborando en la redacción de proyectos y favoreciendo el diálogo con las autoridades y otros colectivos”, señaló el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes.